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Amor en 3D: padres regios crean silla de ruedas especial para su hija Ana Victoria

Amor en 3D: padres regios crean silla de ruedas especial para su hija Ana Victoria
  • mayo 27, 2026

Hay historias que comienzan con tecnología, otras con medicina y algunas simplemente con amor. La de Ana Victoria reúne las tres.

A sus apenas dos años, Ana Vi —como la llaman de cariño sus papás— ya enfrenta retos enormes. Nació con parálisis cerebral y durante mucho tiempo utilizó una silla clínica tradicional que, más que ayudarla, terminaba limitando parte de su movilidad. Era demasiado grande, pesada y poco práctica para una niña que apenas comenzaba a descubrir el mundo.

Sus padres, Paola Villanueva y Ángel Luna, pasaron meses buscando una alternativa en México. Querían algo más cómodo, más funcional y, sobre todo, pensado realmente para una pequeña de su edad. Pero las opciones eran prácticamente inexistentes.

Entonces apareció una idea que parecía imposible: fabricar ellos mismos una silla de ruedas impresa en 3D.

Todo comenzó cuando conocieron el proyecto Make Good, una iniciativa internacional que comparte gratuitamente diseños modulares de sillas infantiles hechas mediante impresión 3D. El problema era que en México casi nadie las construía y mandarla hacer desde otro país resultaba demasiado costoso.

Lejos de rendirse, la familia decidió aventarse sola al proyecto.

Compraron una impresora 3D, aprendieron desde cero sobre materiales, configuraciones, ensamblaje y tiempos de impresión. Lo que parecía sencillo en videos o tutoriales terminó convirtiéndose en semanas completas de pruebas, errores y piezas fallidas.

“Cuando tu hijo necesita algo, haces todo para conseguirlo”, cuenta Paola, quien recuerda que hubo momentos donde parecía imposible terminar la silla.

Algunas piezas tardaban hasta 40 horas seguidas en imprimirse. Si algo fallaba por humedad, temperatura o movimiento, había que comenzar nuevamente desde cero.

“Había noches donde prácticamente la impresora trabajaba mientras nosotros dormíamos. Perdimos varias piezas y tuvimos que repetirlas, pero nunca pensamos en dejar el proyecto”, recuerda Ángel.

Durante aproximadamente un mes, la casa se llenó de herramientas, filamentos de colores, placas de plástico y piezas repartidas por todos lados. Poco a poco, la silla comenzó a tomar forma.

La familia decidió que no sería una silla cualquiera.

Ana Victoria eligió los colores y por eso hoy la reconoce inmediatamente como “su silla arcoíris”. Para ella no es un aparato médico, sino algo propio, algo divertido y especial.

Cuando finalmente llegó el momento de ensamblarla, todos participaron: papás, abuelos y familiares ayudaron a unir las 29 placas y decenas de piezas que terminaron convirtiéndose en una extensión de la pequeña.

La reacción de Ana Vi fue suficiente para hacer que cada desvelo valiera la pena.

“Esa carita de felicidad… verla intentar moverse por sí sola, sentirse libre, fue todo”, dice Paola emocionada.

Ahora, la pequeña comienza una nueva etapa donde poco a poco buscará ganar autonomía y movilidad con apoyo de especialistas del Instituto Nuevo Amanecer, donde continuará sus terapias y adaptaciones conforme vaya creciendo.

Especialistas aseguran que este tipo de herramientas pueden mejorar significativamente la calidad de vida y la independencia de niñas y niños con condiciones neurológicas, especialmente cuando están personalizadas para sus necesidades.

Pero más allá de la tecnología, la historia de Ana Victoria ha conectado con miles de personas por otra razón: demuestra hasta dónde pueden llegar unos padres cuando se trata de darle oportunidades a su hija.

Hoy, mientras Ana Vi recorre espacios en su silla arcoíris, su familia sigue compartiendo el proceso en redes sociales para visibilizar la parálisis cerebral y demostrar que la innovación también puede nacer desde casa.

Porque en esta familia, el amor no solo acompaña: también se imprime pieza por pieza.